El último golpe de aikidoka
Sin violencia. Sin gritos. Con serenidad. José Luis Isidro Casas, de 51 años, entraba en los bancos, decía que estaba allí para llevarse todo el dinero, esgrimía una pistola (inutilizada) y pedía tranquilidad. Lo hacía con el aplomo que había adquirido a lo largo de muchos años de práctica de aikido, un arte marcial de origen japonés que busca disuadir al enemigo más que derrotarlo. La policía afirma que Isidro se lanzó al precipicio hace dos años, agobiado por la crisis: le iba mal su taller de protésico, se había roto su matrimonio, su novia abogada estaba en paro y las facturas no paraban de crecer. Intentado salir del agujero, empezó a asaltar oficinas bancarias de Madrid armado con una vieja pistola Star que tenía legalmente registrada.
Y ahora es cuando yo pregunto: ¿cómo hemos permitido que lleguemos a esta situación? Una persona que aparentemente fue honrada toda su vida, que no tuvo ningún problema con la ley y que, según parecía ser, no tenía tampoco problemas con el mundo en general, ¿cómo ha podido llegar a esto? En la actualidad española, empujados por la crisis y deudas a pagar, la gente ya no solo encuentra la solución en el suicidio (cosa que encuentro igualmente malo), sino que también el índice de robos sube. Es la manera más simple de conseguir dinero cuando no puedes procurarte un trabajo. Se empieza con pequeños robos en las tiendas para mangar lo que sea necesario y, poco a poco, puede desarrollarse hasta el punto de ser un caso como el de José Luis Isidro, que acabó robando bancos.
Podríamos decir que ese hombre es un delincuente y, aunque el hecho de necesitar ese dinero y no hacer daño a nadie no lo excuse, tampoco se puede negar que muchas personas comprenden el estado de desesperación en el que este hombre se encontraba, puede que hasta lo apoyen y algunos incluso sigan su ejemplo. ¿Por qué estamos permitiendo que España se hunda en la delincuencia?
Teresa Pérez
Teresa Pérez

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