Explosión de un artefacto en la capital aragonesa

Este miércoles un artefacto explosivo ha detonado en la zona central de la basílica de El Pilar de Zaragoza, obligando a los municipales a desalojar este edificio religioso y la céntrica plaza. En el momento de la explosión la basílica se encontraba abierta al público, pese a lo cual no ha provocado heridos ni ha llegado a causar daños personales.
La Policía sospecha que este artefacto, de naturaleza artesanal y de escasa potencia, puede haber sido colocado por radicales de extrema izquierda.



Simplemente el hecho de que alguien se atreva a lanzar un explosivo, por pequeño o grande que sea, en un lugar tan transitado como es el centro histórico de una ciudad, es símbolo de demencia. Quienquiera que haya sido capaz de llevar a cabo esa violenta actuación, quería llamar la atención, y desde luego lo ha conseguido: sembrar la confusión y el miedo entre los cientos de turistas y transeúntes que por la zona se encontraban.

Por otra parte, de esta noticia llama la atención que públicamente se culpe a la extrema izquierda de cometer tal atrocidad, con el único respaldo de ciertas sospechas y conjeturas. ¿Por qué se le culpa a este minoritario grupo? ¿Por haber ocurrido en una iglesia? Me parece un peso muy débil para que en un periódico nacional se redacte tal afirmación.

Lo único que espero es que Zaragoza vuelva a la normalidad lo antes posible y que la investigación sea rápida y eficaz para que las fiestas mañas no se vean paralizadas por el deseo de protagonismo de un reducido grupo de personas.

Laura Herreras

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